Berlín, 24 de julio de 2023



El Wintergarten acoge el Boylesque Drag Festival. En su tercera edición, el festival presenta, durante dos días consecutivos, una parrilla de artistas internacionales de primera línea, con un talento difícil de superar en sus respectivas disciplinas. 

El telón rojo se abre y Sheila Wolf nos recibe desde un escenario espectacular, inspirado en los teatros vieneses de la época y desde el cual se ha oteado Europa durante más de siglo y medio, atentado con bomba incluido en 1944. La anfitriona da paso a quien se convertirá en el maestro de ceremonias de la velada, Joe Black, una bestia escénica tan magnética que, en cuanto pisa el escenario, se apodera sin concesiones de la voluntad de los espectadores. Le sigue una miríada de artistas que hacen nuestras delicias, como el polifacético Virgin X y sus atrevidas soflamas que encienden la platea; la etérea Iris Spectre con su aplastante personalidad y sus gasas tornasoladas; un provocativo Marshall Arkley dinamita estereotipos masculinos entre antorchas, látigos, esponjas jabonosas y linternas; y muchos más cuya entrega absoluta arranca un sinfín de aplausos, incluidos los tres azafatos, engalanados especialmente para este Grand Boylesque con esparadrapos, perlas y ropa interior casi inexistente. 

Ha sido un viaje relámpago de luna de miel, los días han pasado volando. Mañana regresamos a España aunque, sinceramente, yo me quedaba en Berlín. Echaremos de menos los desayunos en el Café Miro, los paseos por Tiergarten y Nollendorfkiez, los schnitzels en el Restaurant Elefant donde nos tratan como clientes de toda la vida, más paseos por Alexander Platz y los patios modernistas de Hackesche Höfe, las cervezas en Prinzknecht para empezar la noche y también echaremos de menos, a continuación, la noche berlinesa, jaspeada por esas sombras siempre presentes de un muro y tantos estragos que bendicen a los berlineses con el valor real de la libertad. 

Un valor, un dolor y una responsabilidad.

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